Era verano y Brasil nos prometía aventuras y descubrimientos. Tan así que ya desde el micro todos queríamos des-cubrirnos. Con esa temperatura conocí a Evandro, el artesano, hijo de un bahiano y una alemana. Tal vez por ello su piel era tan extraña, como dorada, como un marco que contrastaba con sus rulos. Después de una larga charla en la que nos contábamos de nuestras vidas, me dijo “os melones se acomodan con el movimento del carro...” y ahí me enamoré como de un flechazo.
En el ómnibus había un grupo de 10 chicos entre 18 y 20 años que podría describir como... algo así como eufóricos y... desesperados? por conocer el famoso país de la alegría. Apenas llegamos, nos fuimos todos al mar. Era el amanecer y el agua estaba maravillosa. Nos metimos con ropa y todo; aunque terminamos casi desnudos cuando uno de ellos (muy lindo) decidió besarme entre las olas (y entre las lolas). Yo le preguntaba si acaso nunca había visto un par de tetas y no pude contra mi vocación docente. Pensé que el joven tendría sed de aprendizaje y me saqué la remera. Él revoleó su calzoncillo y con el pantalón pegado al cuerpo me besaba, me zambullía, me abrazaba debajo del agua, sumergidos en una propaganda de alguna colonia masculina.
La primera noche paramos en la casa de ellos. Hasta que descubrí que mientras yo franeleaba con este chico, los amiguitos espiaban por la cerradura. Ofendida como mujer decente que soy, enseguida tomamos las mochilas y salimos a buscar otra opción. Puteé a todos los adolescentes del mundo mientras el chico correteaba en bolas por la vereda, revoleando sus partes como un péndulo. Nos fuimos. Y sí, espero que haya aprendido, que las partes íntimas crecen... y uno debe hacerlo con ellas.
Cuando con Silvana escapamos a Barra da Lagoa, quedé como congelada, detenida en tiempo y espacio por tanta belleza. Y como si fuera poco, nos ayudó a encontrar alojamiento una uruguaya que se había quedado a vivir allí luego de enamorarse de un brasilero que manejaba una lancha. “Yo también caí un verano y nunca más me quise ir...” nos contaba emocionada.
Con amigos pasábamos horas tomando cerveza y comiendo abacaxi en la playa y conversando de política, costumbres y vocablos. Allí lo conocí. Tuvimos un lindo romance de verano, sí, hasta que una tarde Evandro golpeó la puerta de la posada sumido en una escena en que gritaba “a um braileiro no se le face iso.... a um brasileiro se lo invita a la casa pra ficar y tener sexo...” .
Mi amiga y yo alquilábamos una casa de familia, pequeña, dividida con un cartón a través del cual se escuchaban las discusiones conyugales. “voce vagabundo!!!” le gritaba ella a él cada noche cuando volvía borracho. Para dividir gastos, y porque el corazón es grande, alojamos a unos cuantos. Estaban los argentinos de la facultad, uno que se había peleado con los padres, otra que viajaba sola. Y Evandro, que guardaba su mochila de pulserinhas debajo de la mesa. Hasta esa tarde, claro, que se volvió loco de amor o qué sé yo qué.
Ahí estaba. Era el hippie dorado declarando los derechos del macho brasilero, un poco shapado, a quien yo aún pretendía explicarle en portuñol, por qué motivo no quería tener sexo, a él, que evidentemente consideraba que estando dentro de mi casa, tenía derechos sexuales o algo así sobre mí. Sobre mí, era donde él quería estar. Pero yo solamente podía pensar en el profiláctico, en lo mucho que cogen los brasileros, y en todos los acuerdos tácitos que una hace con con el otro cuando se tiene sexo... y ni loca me acostaba con este chico a quien no le entendía nada!!! qué le iba a decir? Frango, morro, sorbete, praia? Noooo!!!! encima machista y reclamador... Lo convencimos con calma y sonrisitas de que se llevara sus cosas y después nos fuimos corriendo a buscar a los chicos a la playa. Me pregunto qué corno le hizo creer a él que yo iba a acostarme con él, si acaso se lo había insinuado siendo amable... es que una no puede simplemente besarse en los amaneceres junto al mar? confieso que la idea de que un hombre apuesto golpee mi puerta para revolcarme en la cama me encanta. Pero así? Así no.
Lo último que supe de él es que le pegaron cerca del mar. No entendí del todo qué le pasó, parece que tuvo una riña con unos tipos que lo dejó durmiendo por un rato.
Yo, por mi parte, continué mis vacaciones feliz y entusiasmada. Pero a partir de allí, fui yo quien aprendió algunas cositas como que quien se acuesta con borrachos... digo con niños...
En el ómnibus había un grupo de 10 chicos entre 18 y 20 años que podría describir como... algo así como eufóricos y... desesperados? por conocer el famoso país de la alegría. Apenas llegamos, nos fuimos todos al mar. Era el amanecer y el agua estaba maravillosa. Nos metimos con ropa y todo; aunque terminamos casi desnudos cuando uno de ellos (muy lindo) decidió besarme entre las olas (y entre las lolas). Yo le preguntaba si acaso nunca había visto un par de tetas y no pude contra mi vocación docente. Pensé que el joven tendría sed de aprendizaje y me saqué la remera. Él revoleó su calzoncillo y con el pantalón pegado al cuerpo me besaba, me zambullía, me abrazaba debajo del agua, sumergidos en una propaganda de alguna colonia masculina.
La primera noche paramos en la casa de ellos. Hasta que descubrí que mientras yo franeleaba con este chico, los amiguitos espiaban por la cerradura. Ofendida como mujer decente que soy, enseguida tomamos las mochilas y salimos a buscar otra opción. Puteé a todos los adolescentes del mundo mientras el chico correteaba en bolas por la vereda, revoleando sus partes como un péndulo. Nos fuimos. Y sí, espero que haya aprendido, que las partes íntimas crecen... y uno debe hacerlo con ellas.
Cuando con Silvana escapamos a Barra da Lagoa, quedé como congelada, detenida en tiempo y espacio por tanta belleza. Y como si fuera poco, nos ayudó a encontrar alojamiento una uruguaya que se había quedado a vivir allí luego de enamorarse de un brasilero que manejaba una lancha. “Yo también caí un verano y nunca más me quise ir...” nos contaba emocionada.
Con amigos pasábamos horas tomando cerveza y comiendo abacaxi en la playa y conversando de política, costumbres y vocablos. Allí lo conocí. Tuvimos un lindo romance de verano, sí, hasta que una tarde Evandro golpeó la puerta de la posada sumido en una escena en que gritaba “a um braileiro no se le face iso.... a um brasileiro se lo invita a la casa pra ficar y tener sexo...” .
Mi amiga y yo alquilábamos una casa de familia, pequeña, dividida con un cartón a través del cual se escuchaban las discusiones conyugales. “voce vagabundo!!!” le gritaba ella a él cada noche cuando volvía borracho. Para dividir gastos, y porque el corazón es grande, alojamos a unos cuantos. Estaban los argentinos de la facultad, uno que se había peleado con los padres, otra que viajaba sola. Y Evandro, que guardaba su mochila de pulserinhas debajo de la mesa. Hasta esa tarde, claro, que se volvió loco de amor o qué sé yo qué.
Ahí estaba. Era el hippie dorado declarando los derechos del macho brasilero, un poco shapado, a quien yo aún pretendía explicarle en portuñol, por qué motivo no quería tener sexo, a él, que evidentemente consideraba que estando dentro de mi casa, tenía derechos sexuales o algo así sobre mí. Sobre mí, era donde él quería estar. Pero yo solamente podía pensar en el profiláctico, en lo mucho que cogen los brasileros, y en todos los acuerdos tácitos que una hace con con el otro cuando se tiene sexo... y ni loca me acostaba con este chico a quien no le entendía nada!!! qué le iba a decir? Frango, morro, sorbete, praia? Noooo!!!! encima machista y reclamador... Lo convencimos con calma y sonrisitas de que se llevara sus cosas y después nos fuimos corriendo a buscar a los chicos a la playa. Me pregunto qué corno le hizo creer a él que yo iba a acostarme con él, si acaso se lo había insinuado siendo amable... es que una no puede simplemente besarse en los amaneceres junto al mar? confieso que la idea de que un hombre apuesto golpee mi puerta para revolcarme en la cama me encanta. Pero así? Así no.
Lo último que supe de él es que le pegaron cerca del mar. No entendí del todo qué le pasó, parece que tuvo una riña con unos tipos que lo dejó durmiendo por un rato.
Yo, por mi parte, continué mis vacaciones feliz y entusiasmada. Pero a partir de allí, fui yo quien aprendió algunas cositas como que quien se acuesta con borrachos... digo con niños...
1 comentario:
Ya funcionan los comentarios !!!
y te avisa por email !!!
EUGENIO
Publicar un comentario