E. era un chico guapo, de mirada fresca, trabajador e independiente. Joven pero maduro...comprometido? tal vez cuando sentí lo contrario, fue que lloré tanto tanto.Me había estado incentivando a mí misma toda la tarde con la idea de ver una peli... que me iba a distraer... que ya va a aparecer el camino a seguir después de recibirme... que esto y que lo otro. Entonces junté fuerzas, me bañé, me vestí, me perfumé y fui a tomar el colectivo. En el camino me crucé a un muchacho, lo reconocí enseguida: era uno de los que vivían con E.. El día que nos conocimos y fuimos a su casa lo había visto llegar.
Esa vez todo había comenzado maravillosamente bien. Era viernes a la noche, iba a encontrarme con una amiga cuando un muchacho me miró desde la otra vereda, me causó gracia y lo saludé con la mano... y me siguió! Se acercó, nos miramos y reímos.
Yo recordaba haberlo visto dos veces por el barrio. Una fue en el cyber. Le clavaba la mirada porque me resultaba sumamente atrapante. Otra, en el Bar Británico, cuando le devolvía el I-Ching a Mandy mientras él se pedía un sandwich en otra mesa y tocaba una guitarra sin cuerdas. Cómo no me iba a fascinar!!!! Tenía unas rastas que parecían un ramo de flores destartalado, llevaba una remerita a rayas tipo feria americana que se levantaba para rascarse la panza (siempre supe que la parte más sexy del cuerpo es el ombligo)
Así que le dije que éramos vecinos y se vino a la fiesta con Yamila y yo. En todo el viaje, hablamos sin parar, me reí muchísimo y me sentí totalmente cómoda.
Después de todo, él había sido quien se había acercado a mí. Simplemente me entregué a la diversión sin deberes ni seducciones fingidas. Me suele pasar que necesito cierta aparente seguridad en el otro, para relajarme y disfrutar.
Primero pensé que me había hecho un amigo, que había encontrado un vecino para pedirle, cuando fuese necesario, una tacita de azúcar. Se lo veía más chico que yo, así que pensé que besaría a otra de las chicas. Pero no. Finalmente lo de hacerse amigos es dudoso ...y a la que besó esa noche, fue a mí. Me arrinconó contra la pared hasta dejarme casi sin respiración. Por momentos desaparecía de escena y yo me preocupaba. Luego tocaba mi hombro, por detrás, y ahí estaba de vuelta. Y yo me relajaba. Se escapaba, tal vez... pero volvía.
Conocí su casa, y a uno de sus convivientes. Era antigua, grande y hermosa. Miré desde el balcón varias veces para asegurarme de llevarme conmigo tanta belleza. Imaginé las fiestas, las largas reuniones con los amigos, las invitadas mujeres, el alcohol que llenaba la heladera. E. había sido barman así que me preparó un excelente gancia batido, justo lo que necesitaba. Yo venía eufórica, quería tomar, reir, gritar, incluso intoxicarme. Esa noche hicimos el amor. A pesar de la curvatura de su pene que evidentemente mucho no me molestó. A pesar de que yo no tenía precisamente una bombacha de encaje rojo. (¿Qué me iba a imaginar que esa noche iba a tener sexo?). Eso tampoco le molestó a él. Todo era muy pero muy lindo hasta que pppfff!!!el preservativo se rompió en medio de mis piernas...y ahí fue cuando nos empezamos a conocer. ¡Pero yo la semana que viene me recibo!!!!!!!dije llorando llena de espanto.
En los días siguientes, hablábamos por teléfono y visitábamos el hospital por el test de hiv. Eso fue a lo que se “redujo” nuestra relación. Que si me vino, que si sigue viviendo en el mismo lugar, que si se escapa antes de saber el resultado...
Mientras tanto, yo brindaba con la familia como la nueva licenciada. Nadie llegó a sospechar jamás, que guardaba tal secreto.
En medio de tantos acontecimientos, nos despedimos, aunque aún yo no lo sabía.
Fueron días de espera rara, nos contábamos cosas de lo más íntimas, de esas feas que no se cuentan a nadie. Me habló de su padre, que se había borrado de la familia, de su madre tan fuerte, de su tía la que le había regalado el I- Ching, único libro que leía de los pocos que había en su pequeña biblioteca. Salieron las confesiones más extrañas, nos encontrábamos relatándolo todo sobre la sexualidad y alrededores: los cuidados, la promiscuidad, la infidelidad, la responsabilidad, las drogas, los tatuajes, los piercing ...!!!!!! Me dijo que desde su última novia, no había estado con otra chica hasta que apareciera yo. (nunca le creí) Le conté que suelo usar preservativo, y que había estado solamente con un hombre desde hacía un tiempo (mentira). Que me había recibido y pronto, si todo salía todo bien, haría un fiesta con festejo múltiple en mi casa.
Nos abrazamos e hicimos el amor, y fuimos plenos y felices, muy felices. Por un rato. Quizás ambos necesitábamos confirmar algo: yo, que aún le gustaba. Y él, que su curvatura de pene no tenía la culpa?
Esa mañana, después de disfrutar el sol del parque, y besarnos en un banquito de plaza, festejamos que todo había salido bien. Días después cuando lo llamé le dije que tenía ganas de verlo. Me respondió con una novela de dejar-la puerta-abierta-para-traspasarla-en otro momento... que estaba en una etapa especial de su vida... que igual me quería mucho y tenía toda la onda conmigo. Nunca entendí. Así que esperaba cruzarlo de casualidad por el barrio. Miraba si estaba en el cyber, en la esquina del Británico, miraba en el supermercado, lo buscaba alrededor de su casa, en el parque, en su facultad.... Mientras esperaba que traspasara la maldita-puerta, yo lo recordaba, lo admiraba por su honestidad y respeto, por ser tan maduro y compremetido, por decirme... ¿la verdad?
En el tiempo de una caja de pastillas anticonceptivas, el destino nos había cruzado muchas veces...y de golpe, nunca más supe de él. Hasta esa noche, camino al cine, su compañero de casa me contó que E. ya no vivía allí porque se había mudado. Con la novia. Ppfff!!! Otra sorpresita.
¿Al cine? Nunca llegué. Preferí ver el río. Para llorarle. Llorarle a la luna, a la noche, a la reina de los misterios y desvelos, a la diosa de la sabiduría y la magia....
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