Martes 10 AM, 33° la temperatura actual y paro docente. Siempre sentí culpa por hacer de los días de paro, un domingo pero... una necesita ocuparse de su sexualidad, sino ¿quién?. Así que el día de paro, fue efectivamente de paro, parate, stop y de parada de otras cosas también.Tenía dos opciones: limpiar el baño o salir a tomar fresco. Juro que lo dudé, sí, pero si hubiese sabido cómo iba a terminar el día, hubiese hecho exac-ta-mente lo que hice.
Caminé hasta Costanera Sur en ojotas, festejando que por fin había llegado el verano. Recorrí la zona hasta encontrar un lindo rincón: apacible, bonito y feliz. Recordé aquella noche que había ido al mismo lugar a llorarle a la luna... por no entender los vericuetos del amor. También me acordé de la mañana, que luego de una salida típica de sábado, me negaba a ir a dormir (sola) y me fui a ver el río.
Esa noche me había divertido taaaanto que no quería cerrarla en silencio, metiéndome en la cama (repito: sola) hasta el otro día, dejando pasar el tiempo como postes de luz desde la ruta. En pollera negra, saco de plush, delineador y perfume, imaginaba internándome en el agua, como si fuese adentrándome de a poco desde la orilla/ adentro... entregándome toda... ¡Vamos Alfonsina! me escribió Malena al celular entendiéndome una loca que se anima a encontrar la vida en el mismo lugar que la muerte. Y sí, me quería matar un poco pero para que el agua me devolviera al mundo...de una oleada, y amanecer entre algas en la playa, lista para redescubrir el mundo...
Encontré el lugar ideal: arbolitos, pocas personas alrededor (preferentemente señoras en malla enteriza o matrimonios con sanguchitos) y mucho sol. Tiré la lonita para tirarme yo con ella, y estirarnos juntas hasta hacer de un bollo, un recreo. Entre pucho y pucho escribía para intentar registrar la calma... toda esa naturaleza....
“...así que esto me quedaba tan cerca....el sol me acaricia, siento el cuerpo lánguido, libre... y transpiro pero no me importa, es tan lindo todo... acá estoy tranquila, una mujer en malla al costado, una pareja del otro y me siento sola y acompañada a la vez.... ay, ahí aparece un hombre, se sienta en el banquito de enfrente, toma sol, escucha música, al rato otro muchacho se sienta.... ah! la mierda, se sienta enfrente enfrente enfrente mío, ay! sus lentes de sol no me dejan saber dónde mira, lee, tiene pelo largo, me pregunto qué leerá, está bronceado, es un libro gordo, se queda en cuero... será Cortázar?... está lindo el flaco... me mirará el culo?... me hago la concentrada en la escritura.... es alto y grandote... y yo en bombacha!!!!!! se levanta, yo me voy a hacer la dormida... yo estoy en la mía... la la la la... estoy ocupada... por qué mis lentes no serán oscuros también... viene hacia...” Hola! hola, tenés hora ....?
Era él. Ay ay ay, justo al lado mío.
Juro, juro que me sentí obligada a responder, no podía hacerme la boluda más y me alivió saber que ya no tenía nada que ocultar: me vio en pelotas y me siguió hablando!!!! ¿Qué otro secreto podría detenerme? Tuvimos una interesante charla que continuó con una cerveza. Y otra. Y otra más, que según me dijo la tomaríamos arriba. ¿Arriba dónde? pregunté. “Arriba tuyo”.
G. me contó que iba y venía de Barcelona, que le escapaba al invierno y que se dedicaba a los masajes igual que su novia de 42 años. Sí, tenía novia y mayor que él, con dinero y casa en Cariló para pasar el veranito.
Lejos de darle una bofetada, indignada, gritándole “entonces qué querés de mí”, el hecho de que tuviese pareja me tranquilizaba.
Allí comienza a sucederse en mi cabeza algo así:
Tiene novia entonces no busca novia-no seré su novia entonces no necesito que sea buen novio-no tiene que ser trabajador y no hace falta que prometa fidelidad- no tengo que parecer buena esposa entonces no es necesario mostrar mi apetito por la maternidad- no busca pareja entonces yo tampoco!
Así que hablamos de drogas, sexo y rock & roll. Me habló de su pasado oscuro, le dije que no sabría qué hacer si tuviese un paciente, y aparecimos en su casa fregándonos en un sofá. Después de todo, el calor hacía que me sintiera lejos de casa y el río traía vientos de libertad.
Entre otras cosas me contó que en algunas ocasiones había salido de putas, lo que _lejos de espantarme_ despertó en mí mucha curiosidad. Había sacado los datos de internet, fue al departamento de ella y se la puso. Así nomás.
Me pregunté si de pronto era lo mismo que había hecho conmigo... si era igual que cogerme a mí pero más caro... si en el fondo a ella y a mí lo único que nos distinguía era que ella le había cobrado... entonces... a este chico ¿yo le tendría que cobrar? ¿se cobra cuando es un servicio exclusivamente para el otro? si le cobrara, ¿tendría que privarme de disfrutarlo? dejar que un hombre te invite una cena, es parecido a cobrarle? ¿es distinto si la pasan lindo los dos? No sé... pero creo que sería fabuloso si además de pasarla bárbaro, comprara las cortinas y un nuevo sillón.
Los dos parecíamos necesitar una aventura y así como a él no le importó si yo me lo comía en la primera cita, a mí no me molestó que él fuera un infiel-vago- mantenido-chamullero. No era mi intención desenmascararlo ni retrucarle los piropos alebosos. No me interesó su opinión acerca de la globalización ni le pregunté sobre su familia. No quería demostrarle cuán independiente puedo ser ni cuantos novios supe tener. Simplemente la tarde se fue pasando poco a poco y entre polvo y polvo lo acompañé al supermercado. Él compraba pan y tomates para la cena con la novia; y yo le hacía morisquetas entre pepinos y zanahorias.
Estaba refrescando y se hacía de noche. Yo estaba lista para regresar a mi casa, pero finalmente, cuando ya casi era la hora de irse, contestó _sin saberlo_ a muchas de mis preguntas. Me invitó a subir nuevamente por un cafecito... a lo que yo acepté encantada.
Quedamos en volver a vernos, aunque todo parecía indicar que encuentros así, difícilmente puedan repetirse, aunque... nunca se sabe.No hay que asustarse tanto. A veces en manos del más desconocido están muchas de mis respuestas, muchas de las claves para pasarla lindo y sentirse libre... Claro, siempre y cuando, una se anime a abrir la puerta para ir a jugar.



